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domingo, 4 de septiembre de 2011

Retomar el movimiento del voto nulo


Estudiante de licenciatura en relaciones internacionales (Westhill)

Como hace poco me mencionaban algunos compañeros, la única forma de comunicación directa de la población con su gobierno es a través del voto. Evidentemente esto no es suficiente. Hace años, salir a las calles a manifestarse era un motivo de orgullo, una forma muy eficaz de llamar la atención. No todas esas manifestaciones salieron como debían, pero la ciudadanía se enteraba de las diversas situaciones de desacuerdo entre el grupo manifestante y el gobierno. Hoy en día la realidad ha cambiado. Hoy en día eso ya no pasa salvo en ciertas excepciones. 

En el Distrito Federal, según el conteo del periódico Milenio, se realizaron en 2010 alrededor de tres mil doscientas marchas, es decir, un promedio de 9.2 protestas por día. La Cámara de Comercio de la Ciudad de México reporta que por una marcha que dure hasta tres horas, los daños a la economía ascienden a 319 mdp, dependiendo de la zona que abarque; por una marcha con más larga duración puede llegar hasta los 500 mdp. Ante estas condiciones económicas, las marchas no se me figuran como un método efectivo, pero lo que más me pone a pensar y me gustaría saber es cuántas de esas marchas lograron su cometido. Yo estoy a favor de la libertad de expresión y que le exijamos al gobierno cuando no estemos de acuerdo con las acciones que no atiendan a nuestras necesidades; sin embargo, también creo que los métodos de exigencia deben ir evolucionando. Otro aspecto de las marchas que me preocupa es el qué tan politizadas están. Muchos analistas políticos no creen en las movilizaciones porque siempre muestran un grado de politización o partidización. La realidad es que muchas de las movilizaciones que vemos a diario pierden su credibilidad por los asuntos que tocan.

La ciencia política señala que existen tres factores que pueden explicar el voto nulo: el sistema electoral, los aspectos sociales y la protesta en forma de voto. Y justamente la tercera es como yo veo que podríamos manifestarnos sin necesidad de tomar las calles y sin necesidad de parar la economía. Anular el voto es diferente al abstencionismo; uno implica salir a tachar una boleta por un candidato independiente o poner un mensaje, y el otro significa incumplir con nuestra obligación ciudadana de emitir un voto; una significa dar un voto pensado, aunque no venga en la boleta, y otro significa simplemente no participar en la democracia; uno manda un mensaje hacia los partidos y el otro simplemente puede ser ignorado.

Ante la actual coyuntura, salir a emitir un mensaje a las urnas es un llamado de atención a los partidos. El movimiento del voto nulo desafortunadamente no es suficiente e incluye un problema: no sabemos qué cantidad de voto nulo es causada por el analfabetismo y cuánto realmente es pensado. Sin embargo, en México el voto nulo siempre ha sido muy pequeño a comparación de otros países en América Latina, pero el movimiento de 2009 logró posicionarse como la quinta fuerza electoral, algo que no había ocurrido y es atribuible directamente al movimiento anulista que hubo. El voto nulo en 2009 contó con 1,839,971 votos, lo que significa 5.39% del total de sufragios, cifra superior a la obtenida por institutos como el PT, Convergencia, Nueva Alianza y PSD. Pero no solo eso; ante las condiciones de poca gobernabilidad del país, los partidos grandes también se ven en la necesidad de voltear a ver el porqué no conectan los discursos con esos casi dos millones de ciudadanos participantes. Si se quiere tener legitimidad, se debe empezar a sumar votos y se debe voltear a ver las necesidades y las exigencias de las personas. Me viene a la mente si se volviera a dar un .5% de diferencia en México, los anulistas bien podrían ser la diferencia. Pero también debemos entender –y bien lo dijo una compañera estudiante de derecho por la UNAM- que esto debe venir acompañado de medidas legales que realmente le pegue a los partidos en donde más les duele, en las carteras.

Mi propuesta concreta es simple, somos muchos los inconformes, empecemos a manifestarnos de una manera diferente. Ya es bien sabido que las marchas y las acampadas enfrente del senado no llegaron a ninguna solución; la marcha de Javier Sicilia ha perdido su credibilidad; el movimiento de Martí y Wallace logró una ley antisecuestro que tampoco ha traído resultados visibles. Tal vez de esta manera poco a poco veamos resultados, hagamos una invitación a votar.

miércoles, 31 de agosto de 2011

Ceguera

Arturo Ugarte

Estudiante de licenciatura en relaciones internacionales (Westhill)


Son muchas las encuestadoras en México así como también lo son los temas diversos que se hablan en ellas. Mirando más hacia lo político, las encuestadoras juegan  un papel muy importante en dos sentidos: 1) son un instrumento que podría utilizarse como campaña y para incentivar a la gente. Es decir, de acuerdo a la teoría participativa, entre más reñida esté una elección, más incentivos tiene la gente a emitir un voto, pues podrá con él marcar una diferencia entre los diferentes proyectos; por el contrario, si las encuestadoras marcan elecciones poco reñidas, se convierten entonces en un elemento de campaña y para legitimar la victoria del ganador. 2) Las encuestas pueden mostrar a los partidos políticos que han errado el camino y que deben reformular la estrategia para conectar con la gente. El tema nace importante en estos días por la incapacidad de los partidos –hablando específicamente del PRD- de aprender de su pasado. Pondré dos ejemplos:
 
                En  2006, el candidato del PRD, Andrés Manuel López Obrador, confió en las encuestas hasta que éstas no mostraron una ventaja a su favor. Uno de sus principales errores fue la descalificación de ellas y el argumentar que no eran confiables. En vez de ser un llamado de atención para retomar una campaña más feroz, fue un instrumento en su contra: las personas que no querían que llegara Andrés Manuel López Obrador vieron ahí los incentivos para votar por el PAN, al ver que los votos que ejercieran a favor del PRI no marcarían una gran diferencia. Los electores del PRD, confiados en que las encuestas estaban erróneas, no tomaron cartas en el asunto. El resultado fue el que todos ya conocemos.

 
                En el Estado de México las encuestadoras también jugaron un papel muy importante. A mi punto de vista, éstas podrían explicar el ausentismo y la poca participación. Las personas, al ver que un voto por el PRD o por el PAN no haría una gran diferencia en el resultado, es decir, un voto no podría remontar una ventaja de 40% o 50%, prefirieron no salir a votar.

                El periódico Reforma (4/VIII) publicó una encuesta en la cual en el DF, que es actual joya de la corona perredista, la virtual ganadora el día de hoy sería Beatriz Paredes del PRI con un 52%, 50% y, en el caso más bajo,  47% de las preferencias (según los otros contendientes). Tal vez sea un efecto de reconocimiento, pues la gente tiene más presente a Beatriz Paredes que a muchos otros políticos como Carlos Navarrete, Mario Delgado o Martí Batres. También hay que tomar en cuenta que la campaña no  ha empezado, pero justamente a raíz de los resultados del Estado de México se esperaría que el PRD tomara cartas en el asunto; sin embargo, las declaraciones de Manuel Oropeza, líder del PRD en el DF, son muy desalentadoras: el camino más fácil para ellos fue el negarlo y poner en duda la credibilidad de la encuesta, que dicho sea de paso, la misma encuestadora avecinaba lo que pasaría en el Estado de México y acertó. Mitovsky (VI/11) daba una encuesta en la cual por partido el PRD sería el virtual triunfador, con 35% sobre un 29% para el PRI, es decir, un 6% de diferencia totalmente manejable. A diferencia del PRD, el PRI  ha empezado a divulgar que una posible candidata al DF sería Beatriz Paredes, es decir, vieron la oportunidad con la encuesta y siguen trabajando en ella.

              La cuestión es crucial: en un artículo de antes de las elecciones en el Estado de México (http://esferapublicadigital.mx/colaboradores/arturo-padilla.html ) traté de hacer un análisis del PRD al día de hoy; mi conclusión: están en problemas. En resumen, el PRD está perdiendo presencia en los estados que conocíamos como suyos: Chiapas no pinta en el plano, Michoacán y los problemas actuales (y hoy las encuestas dan una ventaja al PRI), Guerrero que no hubieran ganado sin la declinación del PAN, Oaxaca y Sinaloa con coalición y el DF con estos resultados, además de la pérdida de sus zonas de influencia dentro de los estados, como por ejemplo la zona conurbada oriente del Estado de México.

                La lección debería ser clara, el futuro del PRD depende de su capacidad de ver la realidad. Su permanencia depende de atender la ceguera que tienen y regresar a la competitividad. Las elecciones no se ganan desconociendo los resultados no favorables, al contrario, eso le ha dañado mucho.  El PRD debería dejar de anotar en su contra y empezar a jugar a su favor: ya que conocen que la situación es crucial, debería trabajar en ella. En vez de descalificar, aceptar que algo va mal. En vez de dudar, actuar. En vez de negarse a ver la realidad, trabajar en ella para que cambie. En vez de confiarse de su poder en el DF y en que podrá impugnar cualquier resultado, asegurarse que realmente permanecerán ahí. Porque la injusticia no es hacia ellos, sino hacia las personas que siguen creyendo, confiando y teniendo fe en una opción y proyecto de izquierda. El PRD debe terminar con la lógica simplista y retomar un discurso que sea creíble para la gente: en vez de gastar las fuerzas en el discurso que ya pocos creen (y se ve en los resultados electorales) de una regresión, deberían utilizar la coyuntura política para dar un proyecto que convenza a la gente a votar por ellos. Quedan once meses hacia las elecciones, así que aún hay tiempo de rectificar.
 

domingo, 7 de agosto de 2011

“Gasolinazo”



(Estudiante de RRII por la Universidad Westhill)

Las dudas siempre han estado presentes, las críticas también. Veo con tristeza cómo se polariza a la gente acerca de los temas que más duelen, pero más se deberían de discutir. La audacia política mexicana, podría decir también mundial, se relaciona con lo electoral y no con lo estratégico. Las medidas benéficas a largo plazo, generalmente, no son tomadas en cuenta al momento de emitir un voto; sin embargo, son necesarias. Las medidas perjudiciales al principio y estratégicas al futuro son –probablemente- ignoradas, pues traen un costo político. La actual presidencia podría mostrar su audacia política y tomar una decisión contundente para el futuro y se vislumbra que así lo hará.

Mes con mes se desata el problema. Los medios de comunicación discuten y pelean y critican al llamado “gasolinazo”: el aumento de ocho centavos mensuales al precio de la gasolina. Revisando la red, me di cuenta que la gente percibe esto como un robo organizado por los círculos más cercanos de Calderón. Lo que no saben es que el precio de la gasolina lo regula el mercado internacional, no Ernesto Cordero ni Felipe Calderón. Lo único que se está haciendo es eliminar el subsidio, que según la OCDE, México destinará alrededor de 230 mil millones de pesos al subsidio de la gasolina, el gas LP, diesel y electricidad en 2011, es decir, más del presupuesto de la Secretaría de Salud. En México un cuarto  de los ingresos anuales por concepto de ISR se utiliza para pagar el subsidio a la gasolina (en el primer semestre de 2010, la recaudación de ISR, según la Secretaría de Hacienda, fue de 326 mil 52 millones de pesos).

Durante mucho tiempo la venta de gasolina fue un factor de recaudación de impuestos, pues el precio de la gasolina en México estaba congelado. A raíz de 2009, el precio de la gasolina se está adecuando a niveles internacionales (que muchas veces ha sido menor al que hemos pagado en México, por eso se podía recaudar). Pero ante las condiciones después de la crisis económica de 2008, se deben tomar nuevas medidas.

La medida de aumentar gradualmente en ocho centavos el precio de la gasolina es una recomendación de la OCDE, ya que gran parte de los impuestos, que deberían ser destinados para causas más importantes, se desperdician en medidas de transporte. Aparte de esto, el subsidio a las gasolinas incentiva el uso del coche particular sobre el transporte público, lo cual hace que colapse nuestro poco eficiente sistema de caminos. Probablemente el dinero que se utiliza para subsidiar la gasolina podría utilizarse para mejorar el sistema de transporte público, sobretodo en la ciudad de México, donde está demostrado que los segundos pisos no son suficientes y la opción de terceros pisos probablemente tampoco lo serán. Aparte, el incentivar el uso de coches particulares y el construir segundos pisos -de paga en el caso del Estado de México- son medidas clasistas (como dice una frase que escuche de un vecino aquí en el Estado de México: los ricos por arriba y los pobres por abajo)

Pero lo más importante de desincentivar el uso del coche particular tiene que ver con las cuestiones ambientales. La ciudad de México tiene hoy una población de 19 millones de habitantes, de los cuales 47 por ciento vive en el Distrito Federal y 53 por ciento en los municipios conurbados. De acuerdo con estadísticas recientes del INEGI, existen en el DF más de 2 millones 300 mil automóviles particulares registrados, es decir, unos 39.6 autos por cada 100 adultos, y mil 533 autos por kilómetro cuadrado. Ante el panorama mundial, es imperativo que  tomemos medidas que protejan al medio ambiente. Las alertas de pre-contingencia o contingencia ambiental en la ciudad de México son una señal de lo importante que es que cooperemos ante este problema. Y ante la apatía de muchas de las personas que no se identifican con las cuestiones ambientales (se me viene a la mente el PVEM) se deben tomar medidas como “el gasolinazo” para incentivarlos.

Realmente no es mucho, realmente ocho centavos por litro es un equivalente de tres pesos y veinte centavos por un tanque de cuarenta litros (en mi caso, eso sirve para toda la semana). Pero al año ya es un precio considerable. No debemos espantarnos, los precios no subirán infinitamente, pero ojalá suban lo suficiente para que realmente pensemos dos veces los beneficios económicos, viales y ambientales que esto traería.

Recordaba un ejemplo que dio Sara Sefchovich –socióloga e investigadora de la UNAM- en su columna del Universal: “ante el gasto de ir a un concierto al foro Sol (estacionamiento y gasolina), es muy común que la gente comparta autos o se transporte en camión o metro”. Esos son justamente la muestra que el incentivo económico es una posible respuesta al dilema. Esto ya es una realidad en ciudades europeas donde no sólo no se subsidia a la gasolina, sino que se cobra impuestos especiales a ella. En México el litro de gasolina magna está en 9.20 pesos mientras en Europa los precios del día de hoy (VIII/2011) está en el equivalente de 25.63 pesos mexicanos. Dejemos de espantarnos por medidas en pro de la ecología, en pro de las finanzas públicas, en pro de las vialidades y en pro del país; pero también el gobierno debe entender que estas medidas tendrán que venir acompañadas de nuevas medidas que aseguren la transportación, tal como un precio fijo al transporte público como en el DF: así no habrá problemas para las clases más desposeídas, y al mismo tiempo, no sería un gasto tan fuerte para las finanzas públicas del país.

Dudas y comentarios: @ArturoUgarte
Agradezco a mis compañeros del CIDE por algunas de las ideas en este artículo.  

viernes, 20 de mayo de 2011

Participación Ciudadana

Estudiante de licenciatura en relaciones internacionales (Westhill)

La democracia consiste en un sistema representativo en el cual las leyes y las políticas son creadas por funcionarios de elección popular, como dice Goerge Kateb, el sistema electoral es una forma de autogobierno popular. Sin embargo, esto se cumple sólo hasta el punto en que dichos funcionarios responden a las necesidades y demandas populares y son sometidas, con resultados favorables, al escrutinio popular de su desempeño. La democracia de basa en el supuesto en que los ciudadanos están conscientes de sus intereses y son capaces de satisfacerlos y defenderlos a través del voto.

El concepto clave de la teoría  participativa, el autodesarrollo, dice que las personas ordinarias tienen la capacidad no sólo de identificar sus necesidades, sino las necesidades colectivas; sin embargo, desde Rousseau en adelante, el concepto de autodesarrollo ha sido criticado por ser ambiguo y difuso porque no hay un procedimiento científico para medir el autodesarrollo. El teórico político John Dunn señala que tratar de medir un valor –como el autodesarrollo- resulta espuria, fanfarronería e imprecisión. El término de autodesarrollo podría ser calificado como utópico, porque para su realización requeriría de una sociedad igualitaria.

Múltiples estudios empíricos tienden a incidir negativamente en la fe democrática y en el buen sentido común de los ciudadanos ordinarios. Estos estudios reiteran que las masas son políticamente pasivas, y cuentan con información limitada acerca de ciertos asuntos públicos, pondré un ejemplo: según el Universal, sólo 16% de las personas sabían que se estaba discutiendo la ley laboral cuando les afecta directamente a todos. Sin embargo, las clases superiores manifiestan un grado mayor de tolerancia y de democracia que las clases desposeídas. Hoy en día, teóricos políticos muestran poca credibilidad en las movilizaciones sociales, pues muchas de las veces son movilizadas políticamente por las élites. Como dice Thomas Dye, la democracia es el gobierno del pueblo, pero la supervivencia de la democracia descansa en las espaldas de las élites. Según estos autores, la supervivencia de la democracia depende del liderazgo de una élite ilustrada encargada de crear y dirigir políticas con el objetivo de mantener políticamente tranquila a las masas. Hoy en día en México contamos con élites poco ilustradas que han dividido a la sociedad, hoy en día, con los problemas que atravesamos, esto ha sido catastrófico.

El éxito o fracaso de cualquier estrategia para enfrentar cualquier problema en México forzosamente debe tener la participación activa de la ciudadanía. Y la participación ciudadana siempre estará socavada por las condiciones en las que vive y por los intereses de las élites. Muchos analistas políticos han dicho que, en México, la participación ciudadana de hoy es más efectiva que hace años, que hoy tenemos más acceso a la información pública, que hoy, con la llegada de la alternancia, nuestras voces son escuchadas. Yo no podría decir que es cierto o decir que es falso, pero a la percepción según La Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas, sólo una tercera parte de los mexicanos está muy o algo satisfecha con la democracia (33%). En lo que respecta al tipo de gobierno, la ENCUP muestra que el 49% de los ciudadanos opina que en el país estamos más cerca de un gobierno que se impone a uno que consulta a la ciudadanía. Sin embargo, respecto a la participación ciudadana, el porcentaje de la población que participa activamente en los problemas sociales y políticos es muy bajo. 6% ha firmado cartas o ha juntado firmas, 14% ha juntado firmas con sus vecinos, 9% ha participado en marchas o plantones para apoyar causas políticas o ciudadanas, 13% ha participado en programas para combatir la inseguridad, 15% en consultas y plebiscitos y 20% en reuniones con autoridades.

Una de las hipótesis que puedo dar a esta escasa participación de la sociedad es que la población, debido a sus condiciones precarias de vida, no tiene la posibilidad para involucrarse en procesos de la política. En México tenemos un serio problema de desigualdad y pobreza. Según el índice de Gini, México se tiene.550, indicador más alto que en países como Paraguay, El Salvador o Perú.  México es el país con peor desempeño en cuanto a la reducción de la pobreza y mitigación del impacto de la crisis en la Región. Así lo muestran los datos de la Comisión Económica para América Latina en su Panorama Social 2010, en el que se asienta que en México el número de pobres se incrementó de manera significativa. De acuerdo con la CEPAL, en la región hay 183 millones de personas en condición de pobreza, de los cuales México aportaría al menos 36 millones, es decir, el 19.6% de todos los pobres de América Latina; asimismo, la CEPAL estima que habría 71 millones de indigentes, de los cuales, México estaría aportando 11.2 millones. Pero, dejando a un lado los datos duros y entrando más al lado puramente social, quisiera poner una ejemplificación: después de un día arduo de trabajo en donde paguen por hacerlo, con el tránsito de la ciudad, con el estrés de apenas vivir de un sueldo, con los problemas del día a día, ¿cuántas ganas tiene la gente de participar en la política?

Esta desigualdad económica se traduce íntegramente a la desigualdad en cuanto a la democracia: quien pueda informarse acerca de los problemas que lo aquejan, estará un paso adelante de quienes no los saben. Ergo podrá tomar acciones para tratar de dar solución, cosa que los otros no podrán hacer por desconocerlos. Personas con las que he platicado este tema me comentan que este problema estaría más ligado a los medios de comunicación, aludiendo a las televisoras; sin embargo, no concuerdo y me mantengo en que es un problema económico, ya que las clases más favorecidas tienen acceso a otros medios de información, cuando los menos favorecidos no.

Quisiera dar ejemplos de lo que me refiero: ¿Cuántas de las personas que se manifestaron en contra del aeropuerto en Atenco sabían de los efectos de ponerlo ahí? –Inversión, empleo, infraestructura, turismo- ¿Cuántas de las personas que hicieron el plantón en reforma tenían idea de los ideales que defendían? ¿Cuántas de las personas que salen a criticar al gobierno de Felipe Calderón lo hacen de manera crítica y no rabiosa como lo hacen ciertos líderes políticos “legítimos”?

Es evidente que la movilización social es una herramienta clave en cualquier democracia, pero debemos asegurarnos que las movilizaciones sociales sean limpias y ciudadanas. Por eso es que dudo al dar una opinión acerca de la marcha organizada por Javier Sicilia. Podría decirse que no fue manipulada por ningún interés más allá de la justicia, pero dentro de los 6 puntos que exigió Javier Sicilia en la marcha, hay una gran partidización, ya que los temas fueron recientemente discutidos en la cámara de diputados. Además, fue una marcha incluyente donde se veían tanto a empresarios como a clases populares marchar por un bien común, pero después, exigieron la renuncia de García Luna, no hay un estudio que muesrte cuánta de la población presente estaba de acuerdo con ese punto. Como mencioné al principio, el concepto de autodesarrollo, el cual supone entender los problemas colectivos, necesita una utopía de igualdad de condiciones, y el tema de inseguridad, de alguna manera, ha afectado de manera equitativa tanto a las clases altas como a las clases bajas. Por eso es que sale mucho de contexto la petición de la reforma política y las candidaturas independientes en una marcha que buscaba exigir justicia. Yo creo que cuando se sale a defender una causa, se debe tener una meta específica y un tema central, si no es que único; la divergencia de los temas hace que se pierda la credibilidad. Ojalá me equivoque y  la marcha haya sido virgen y se logre convertir en movimiento, si no, se habrá desaprovechado –a mi parecer- una de  las oportunidades de reclamo y de exigencia de rendición de cuentas que requiere participación conjunta para atacar un problema tanto de élites como de población civil en general.

lunes, 25 de abril de 2011

Medios y opinión pública

Estudiante de licenciatura en relaciones internacionales (Westhill)

Creo que hablo a nombre de todos en este blog al ofrecer mis condolencias a la familia de Javier Sicilia y a todas las familias que han perdido a un ser querido en esta batalla contra el crimen organizado. Como individuo, entiendo la desesperación que trae la perdida de un ser querido, no lo perdí a manos del crimen organizado; sin embargo, creo saber la desesperación y frustración de no poder hacer nada para solucionarlo, creo conocer la ira hacia el responsable, creo conocer el enojo hacia las personas que pudieron evitarlo, y no lo hicieron.

La estrategia de Felipe Calderón en contra del narcotráfico ha sido cuestionada y repudiada desde el inicio. Muchas personas no entienden el problema contra el que se enfrenta el gobierno; sin embargo, hablan y vociferan como si ellos tuvieran las respuestas. No me preocupan esas personas, lo que sí me preocupa es el papel que están jugando los medios de comunicación e incluso nuestros intelectuales.

Los medios de comunicación, hablando específicamente de las televisoras, que son las que tienen mayor cobertura, se comprometieron a revisar el papel que están jugando en la guerra contra el narcotráfico. Suscribieron el “Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia” (1), entre los puntos que destacan son: la postura en contra de la violencia , lo cual, no significa en ningún momento estar a favor del presidente; no convertirse en vocero involuntario del crimen organizado, es decir, acabar con la cultura del narco que está creciendo entre la población –aún recuerdo las narcoplayeras vendiéndose-; dimensionar adecuadamente la información, que significa no sacar la información del contexto o presentarla de forma exagerada; atribuir responsabilidades explícitamente, lo que significa, estar al pendiente del resguardo de los derechos humanos; y desde mi punto de vista uno de los más importantes, el no prejuzgar culpables, lo que significa que se debe respetar la presunción de inocencia.

Por un lado, esto no es una alineación con la estrategia de Felipe Calderón; sin embargo, representa un paso importante. Citando a Jorge Chabat (2), el presidente primero debe ganar la guerra contra la opinión pública para poder ganar la guerra en contra del crimen organizado, y esta medida, ciertamente, ayudará a lograrlo. Con esto, nos acercamos un poco más a tener medios de comunicación comprometidos con la noticia y no con los tintes amarillistas que se puedan obtener, comprometidos con el profesionalismo y no con las ganancias, comprometidos con el análisis profundo y no con la critica fácil, comprometidos y aglutinados en un objetivo común, y no cada quien por su lado con su agenda política, ya que, al final, este tema nos concierne a todos y todos deberíamos buscar el mismo objetivo: ganar la guerra. Esperemos que no sean solamente buenas intenciones y exijamos que se cumplan los objetivos planteados. ¿Cómo? Cambiándole de canal, revisando medios alternativos como el radio, los periódicos o el internet, y sobre todo, revisando analíticamente los informes del presidente Felipe Calderón y sus secretarios de estado y procuradores, porque recordemos que en 2010, en los diálogos por la seguridad, los medios ya se habían comprometido a llevar a cabo acciones como estas, que al final no se concretaron. (3)

Por otro lado, son sorprendentes las declaraciones de ciertos intelectuales, cuya labor debería ser mostrarnos el camino, en vez de pavimentarlo para ellos mismos. Con tristeza uno lee el artículo de Javier Sicilia en la revista Proceso (3/IV/2011) comparando a los políticos con los criminales, después, haciendo declaraciones como “pactemos con el narco” (4). Estoy de acuerdo con algunos puntos expresados en la carta, muchos mexicanos ya están (estamos) hartos de la violencia; sin embargo, ¿pactar con el narco? Si no se está ganando la batalla de una manera contundente, entonces ¿debemos permitirlo? Me pregunto, ante delitos de fuero común, si no podemos evitar los secuestros, por ejemplo, ¿debemos entonces dejar que se sigan cometiendo? ¿no sería mejor apoyar a quienes están tratando de resolverlo? Y es que, ¿dónde quedan nuestras obligaciones ciudadanas como la denuncia? Recordando el caso del metro Balderas (5) ¿por qué ninguna de las personas ahí presentes hizo nada al respecto? [ dejo el link del video donde se puede apreciar perfectamente (6)] ¿Cómo es posible que la gente en Apatzingán se manifieste a favor de la “familia michoacana? (7).

He aquí el problema de México, la gente no se involucra, citando a José María Aznar, ex presidente de España, “hay que pasar de una participación pasiva a una participación activa”. La ciudadanía hoy se deja manipular por los medios y, en gran parte, solamente duplican opiniones sin siquiera hacer un análisis de ello. Prueba de esto es, por ejemplo, la legalización de la droga. Muchos intelectuales han polarizado al país con argumentos poco sólidos. Se han basado en la lógica y no en las cifras que manejan organizaciones como la ONU. Han dado como ejemplo histórico la legalización del alcohol en EEUU en 1933, pero se les olvida mencionar que ello no redujo a las personas que ingerían alcohol, las aumentó; tampoco mencionan que ello no acabó con las mafias italianas y judías, sino que las llevó a otros campos de la delincuencia organizada. Así como este, abundan los ejemplos de las posibles soluciones que los intelectuales y los medios han difundido para acabar con el conflicto; sin embargo, citando a León Tolstoi, es más fácil escribir diez libros con principios filosóficos, que poner en práctica uno solo de esos principios.

Como menciona Jorge Chabat en el Universal, todos tenemos nuestra versión de lo que pasó con la niña Paulette, todos tenemos nuestras propias teorías sobre lo que le pasó al avión de Juan Camilo Mouriño, todos tenemos nuestra opinión sobre el supuesto alcoholismo de Felipe Calderón. Todos opinamos sobre Diego Fernández y su secuestro. Todos opinan de todo y pocos realmente son los que se informan. Debemos terminar con el deporte de repetir opiniones y pasar a la obligación ciudadana de analizar evidencias. Cuando se voltee la cifra, cuando como sociedad civil estemos informados y hayamos analizado la información, entonces, habremos dado el mejor paso hacia la solución del conflicto, no sólo del narcotráfico, sino de todo lo que nos aqueja. 

martes, 12 de abril de 2011

La nueva deuda pública: el Estado de México en campaña 2011


Arturo Ugarte
Estudiante de licenciatura en relaciones internacionales (Westhill)

Cuando pienso en mi querido Estado de México, los pasos de baile de una canción me vienen a la mente. Esa canción que todos conocemos, donde se va para adelante, se va para atrás, a un lado y al otro, pero siempre se acaba en el mismo punto. Las últimas acciones políticas en materia electoral del Estado de México nos dejan -al igual que el baile- en el mismo punto: la ineficiencia, la falta de compromiso, la irresponsabilidad, las faltas de los partidos y la falta de una cultura política.

Un paso adelante

Durante mucho tiempo –expertos dicen que desde Isidro Fabela-, un grupo en el PRI tomó el control sobre el Estado de México. Este grupo se le llamó Atlacomulco, pues la gran mayoría de los integrantes vienen de ese punto o sus inmediaciones. El grupo Atlacomulco ha sido negado en cada cuestionamiento hacia su existencia, pero si bien no están totalmente constituidos, en la práctica son totalmente reales.

El grupo Atlacomulco ha tenido una gran injerencia en la política estatal de PRI en el Estado de México. Los compadrazgos, los favores, la protección –como se le dio a Arturo Montiel cuando lo absolvieron de sus crímenes-, la corrupción generalizada y la gran presión que ejercen, son algunas de las características del grupo; sin embargo, hoy la historia cambia. Hoy el grupo Atlacomulco ha cedido la concesión que tenía en el Estado de México a favor de otros intereses. Hoy el grupo Atlacomulco ha sido exiliado, ha sido neutralizado, ha sido paralizado.

La designación de Eruviel Ávila sobre Alfredo del Mazo ha sido un paso muy importante. Por primera vez en mucho tiempo, los compadrazgos fueron menos importantes que las necesidades de la sociedad. El mejor posicionado es quien competirá, no el mejor aliado. El de mayor apoyo social y no el que pueda comprarlo, como lo hiciera en Huixquilucan y los víveres que se entregaron en el Olivo para acarrear votos. El que viene desde abajo, desde el pueblo y no quien tiene una larga dinastía corrupta dentro del partido. El nuevo PRI –o supuesto nuevo PRI- muestra que sí tiene nuevas cartas, nuevas posturas y que van a utilizarlas.

Sin embargo, también mucho de esto se debe al temor. El miedo a las alianzas. El miedo a las candidaturas comunes. El miedo a perder el control del Estado de México. El miedo de Enrique Peña a perder la candidatura en 2012 e incluso el miedo a perder la presidencia. El miedo que dicen no tener, contradiciéndose con la promulgación de leyes en contra de las candidaturas conjuntas. La actitud vociferante que les hizo perder estados clave. Ese miedo a un movimiento ciudadano limpio, la consulta, que buscaba aglutinar el voto en contra del PRI en una sola vertiente, las alianzas.

Tal vez por eso las descalificaciones. Tal vez por eso se prohibió la participación de funcionarios del estado en la consulta. Tal vez por eso, Eruviel Ávila fue seleccionado como precandidato. Tal vez por eso, la noticia se dio un sábado en la noche para que ocupara los titulares de los periódicos del domingo y opacara a las consultas. Tal vez por eso, la actitud hipócrita de criticar las alianzas y, al mismo tiempo, hacerlas con el PVEM y el PANAL. El PRI, el defensor de los ideales partidarios que se junta con un partido verde que apoya la pena de muerte –que por definición, un partido ecologista no podría apoyarla-. El PRI, defensor de ideales pero que se le olvidan con tal de conseguir más votos. El PRI, que apoya la divergencia democrática, mientras no sea en forma de alianzas en su contra. El PRI, que una y otra vez ha salido a decir que no tiene miedo y hace leyes en contra de las alianzas.

Sin embargo, el paso, por la razón que sea, ha sido dado. El caciquismo de los Atlacomulco ha llegado a su fin, al menos por el momento. Es tiempo de involucrarnos un poco más en los procesos de selección interna de los partidos, porque, al final, somos nosotros quienes votarán por ellos. Es tiempo de hacer un parte-aguas en la designación de precandidatos de los partidos. Hoy vemos que se pueden lograr cosas positivas, como la designación de Eruviel Ávila; sin embargo, la consulta ciudadana iba orientada hacia otros fines, hacia los otros dos partidos.
           

Un paso para atrás, el caso del PRD y del PAN

Durante mucho tiempo los procesos de selección de los posibles representantes ha sido materia de las élites. Siempre nos han dicho “éste es el candidato de este partido”. Pocas veces la sociedad ha sido involucrada en estos procesos. Quien no involucra a la sociedad en estos procesos se equivoca. El PRD y el PAN están muy equivocados.

El domingo pasado se llevó a cabo una consulta ciudadana con respecto a la opinión que tenían los ciudadanos mexiquenses sobre una posible alianza PAN-PRD para las próximas elecciones del Estado de México. Las descalificaciones de las corrientes del PRD no tardaron en llegar; sin embargo, con el apoyo de ciertos líderes morales como Marcelo Ebrard, se hizo la consulta. Desafortunadamente, los partidos políticos no fueron capaces de mover a su electorado para salir a opinar y participar; no tuvieron una participación como se hubiera deseado en la consulta. Las cifras: aproximadamente diez millones de habitantes pueden votar en el Estado de México, un estimado de 250 mil personas salieron a votar y a hacer valer su voz. Alrededor del 2.5% del padrón electoral votó, y de esos, 78% de la población votó por el sí. No se habían dado los resultados oficiales cuando Alejandro Encinas ya estaba haciendo campaña junto con Andrés Manuel López y Marcelo Ebrard (que de un día para otro cambió su postura). Al mismo tiempo, el PAN dio a conocer a su candidato, Luis Felipe Bravo Mena que, según el presidente estatal del PRI, en lo único que tiene experiencia es en perder. A pesar de haber ocupado ciertos altos cargos como embajador y como presidente del CEN del PAN lo cierto es que en su historial jamás ha ganado un cargo de elección popular, es alguien desconocido para el electorado mexiquense.

Esta vez los partidos nos dejaron con una gran deuda. Se dio a conocer que la ciudadanía quería una alianza. Algunos dirán que 2.5% no es un número significativo, otros dirán que es una mezcla pragmática de ideologías. Unos se lamentan de la falta de una alianza mientras a otros les da felicidad (Enrique Peña y el PRI), que cada vez ven más seguro el 2012. Lo que no toman en cuenta es que movilizar a 2.5% del electorado sin los recursos de un partido político, con recursos limitados, sin un instituto electoral que esté detrás de esto, cambia totalmente la escala de medición; haber movilizado a tanta gente es un gran triunfo. Lo que no saben es que las diferentes corrientes que habitan en los partidos y los objetivos que buscan con la alianza, la hacen posible, ya que, al final se unen los votos, y al candidato se le dan opciones más amplias de acción. Lo que no saben es que el único beneficiado si no hay alianzas será el PRI, pues los números no mienten: el PRD y el PAN por si solos no tienen la suficiente fuerza para ganarle al PRI, cada uno necesita la movilización del otro. Lo que no sabe Alejandro Encinas es que no se convertirá en panista si acepta ir por la alianza. Lo que no sabe el PRD es que se equivoca al no tomar en cuenta la opinión del pueblo. Sin embargo, y lastimosamente, López Obrador ya tiene su candidato y, como lo ha demostrado durante los últimos 6 años, sus intereses personales son más importantes que el interés de la comunidad que dice querer representar.

La gente quiere que el PRI se vaya. La gente salió a expresarlo en la consulta. La gente necesita llegar a la alternancia, algo que en una democracia eficaz –como dice Beatriz Paredes “que existe en México gracias al PRI”- sucede. La gente está harta de lo mismo y da ejemplos claros de ello, como por ejemplo Oaxaca y Veracruz. Aún hay tiempo, aún se puede hacer una alianza ciudadana competitiva y real. Si no, podemos movilizarnos para exigir que seamos tomados en cuenta. Si no, tenemos la opción del voto nulo para manifestar el descontento. Porque si no se nos tomó en cuenta en este proceso limpio y ciudadano para emitir una opinión, ¿qué nos garantiza que nos tomen en cuenta una vez que ya hayamos votado? El PAN y el PRD aún pueden enmendar su error. Esperemos que así sea, para que cuando una persona como yo piense en su estado, el Estado de México, no se le venga a la mente solamente los pasos de un baile, sino la grata imagen de un estado democrático.

lunes, 14 de marzo de 2011

El caso de Túnez como ejemplo para la democracia en México.


Túnez, un ejemplo para México.



Estudiante de licenciatura en relaciones internacionales (Westhill)


"Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos puedan cambiar al mundo. Es la única cosa que lo ha hecho"
 Margaret Mead.

A lo largo de la historia, hemos podido encontrar varios casos en los cuales una persona es “la gota que derrama el vaso”. En 1963, en la ciudad de Saigón, Thich Quang Duc, un monje vietnamita, se roció un líquido en su cuerpo a la mitad de una plaza, prendió un cerillo mientras la multitud observaba y se prendió fuego como forma de protestar por la persecución de los budistas por parte del gobierno de Ngo Dinh Diem. David Halberstam ganaría un Pullitzer por su relato de ese instante. Una sola persona tal vez no haga un cambio, pero la colectividad que siguió su ejemplo -héroes en la historia de sus seguidores, mártires ante los ojos del mundo- sí lo lograron hacer, Diem fue derrocado y asesinado en noviembre de 1963.

En Estados Unidos vemos el caso de Rosa Parks, una ciudadana afroamericana que se enfrenta a la ley -al ocupar un lugar de un blanco en un camión de pasajeros- y triunfa. Gracias a su tenacidad se desató la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos y 60 años después, el presidente de Estados Unidos es afroamericano.

En Túnez, la desesperación ante un régimen autoritario y las condiciones deplorables de vida hacen que un licenciado -que debía vender frutas para subsistir- reclame porque perdió su fuente de ingresos, tal vez las causas de este licenciado fueron un poco distintas a las de Thich Quang Duc, en su martirio no hay una idea liberalizadora de pueblos, sino de sí mismo; no hay grandes antecedentes históricos, pero hay una gran necesidad humana. Frustración, al tener un título universitario y vender frutas; temor ante el futuro; enojo ante el gobierno que le quitó su modo de subsistir; decepción pues sabe que nadie hará nada para ayudarlo. Su salida: inmolación.

Ante este diagnóstico, una sociedad que tenía las mismas condiciones de vida y los mismos sentimientos humanos, despertó y se movilizó. Hoy sabemos que ganaron, que no podrán engañarlos otra vez, que el gobierno que los utilizó se ha despedido, se ha ido. Utilizaron la única violencia –como dice Aguilar Camín- justificada: la revolucionaria. Una violencia, sin violencia, una violencia viva, que vive en cada una de las personas que se revelaron en contra de una realidad que parecía inamovible. Hoy, movimientos en Argelia, Egipto, Libia, Marruecos han surgido, movimientos en contra de las mismas condiciones que –sin duda- triunfarán.

¿Quién se hubiera imaginado que en regímenes autoritarios como los árabes, un movimiento espontáneo y pacífico lograra tales resultados? La nueva característica de estos movimientos muchos dirán que fue la ausencia de un golpe militar, que fue la ausencia de creencias extremistas o fundamentalistas o que fue la falta de injerencia del extranjero; sin embargo, la pieza clave del triunfo de estos movimientos y su característica principal fue el uso del 5to poder: la sociedad.

La sociedad y su movilización es un fenómeno antiquísimo, pero que la sociedad actúe a sabiendas del poder que tiene, es algo nuevo. En la época antigua, el poder siempre se concentró en pocas manos, en los reyes, los nobles y el clero; no fue hasta 1789 –con la revolución francesa- en donde el pueblo –llamado tercer estado- vio el poder que tenían y decidieron ejercerlo. La revolución salió triunfante y los intereses de los que conformaban el tercer estado serían cumplidos. Lo único que no previeron es que la alta burguesía se convirtió en las manos del poder, y lo utilizarían para defender sus intereses; el proletariado una vez más quedó indefenso. Una manera para atacar esas injusticias fueron los sindicatos, que más temprano que tarde empezaron a defender los intereses de los líderes, no de los trabajadores. Historia tras historia de cómo el poder siempre ha estado concentrado en pocas manos; sin embargo, el poder de movilización para cambiar esas condiciones siempre ha estado presente, pero es mejor callar, es mejor vetar, es mejor no presionar, es mejor no alborotar.

La historia hoy nos demuestra que sí vale la pena. Con el acceso a la información que el internet ha traído, hoy es más fácil encontrar opiniones diferentes a las que los medios masivos -como la televisión y el radio- presentan. El internet toma un papel muy importante en el descontento de la gente y en sus manifestaciones. Entonces, si en países con bajos o nulos índices de democracia como los árabes, las poblaciones han logrado informarse y movilizarse, en México ¿qué pasa?

Una posible respuesta a esto es el miedo a raíz de los acontecimientos de 1968 en Tlatelolco. La gran pregunta es, ¿Qué hubiera pasado si el ejército no hubiera disparado, como en Egipto? Un intento de responder esto sería inútil, pero seguro que la realidad mexicana sería otra, tendríamos una sociedad civil comprometida y participativa y –tal vez- nuestros índices democráticos serían más altos, sin embargo y tristemente, muchas personas esperaremos a que el martirio de una persona –tal vez como la desgracia de Fernando Martí e Isabel Miranda de Wallace- movilice a la gente más allá de una sola marcha vestidos de blanco. Hasta ese momento podremos salir a pelear por las causas que consideramos justas y veremos que –como el ideal de democracia dicta- el gobierno le debe responder al pueblo porque el pueblo es el que manda.

martes, 8 de marzo de 2011

"Oligopolilandia"

Arturo Ugarte*
Estudiante de licenciatura en relaciones internacionales (Westhill)

(El título hace referencia al discurso ¿qué hacer para crecer? De Denise Dresser)

Precios a la alza, salarios a la baja. Desempleo e inequidad. Declaraciones como “con 6 mil pesos al mes uno vive bien” nos hace enojar y nos hace repudiar. Ernesto Cordero y su salario -según el IFAI- de $205, 122 pesos nos muestran la falta de empatía de los gobernantes con sus gobernados. Ernesto Cordero y sus ofensas hacia México me hacen recordar a Marie Antonie y su famosa frase cuando le dicen que los pobres no tienen ni bolillos para comer: “pues que coman pasteles”.

Desafortunadas declaraciones, pero sobretodo, una desafortunada realidad que cae sobre los mexicanos. Sexenio con sexenio se discute el qué hacer para crecer, qué hacer para tener una mejor repartición, qué hacer para que el crecimiento se vea reflejado en los bolsillos. En este sexenio las propuestas más importantes fueron el empleo y el combate al narcotráfico. Si pudiéramos analizar a raíz de estas dos promesas el gobierno de Felipe Calderón, entonces, estará reprobado.

En 2000, con mucho optimismo muchos aceptaron al ganador de julio encabezado por el PAN, que suponía el cambio y la representación de la clase empresarial y económica, y además, conocía a nuestro principal socio comercial: Estados Unidos. La verdad es que esto no supuso más que la creación de nuevos actores en la economía mexicana, lo que el premio nobel de economía, Joseph Stiglitz, llamó el “crony capitalism”. Una economía de cuates con prácticas monopólicas que han polarizado el crecimiento económico (que en los últimos 10 años, ha sido –a pesar de las proyecciones- de 1.6%); sin embargo, si ponemos ahí el crecimiento demográfico que hemos tenido, el crecimiento será de menos de 1% anual, el peor de América Latina, aparte, la competitividad del país ha bajado al lugar 60 de 132 países.

Pero realmente, los indicadores económicos se quedan cortos, lo importante es asociar la producción de bienes y servicios con el bienestar y la equidad; he ahí el principal problema de México: el empleo formal ha disminuido y no se espera que retroceda, un indicador: en 16 carreras universitarias, en promedio 2 de cada 10 egresados han encontrado empleo en su área de especialidad (El Universal 1°de Enero). 1 de cada 5 hombres mexicanos en edades en 25 y 35 años vive y trabaja en Estados Unidos, 4 de cada 10 mexicanos tenemos parientes trabajando en E.E.U.U. (Consulta Mitofsky). Si vemos esto como un factor de estabilidad, obviamente, no vamos bien. Según cifras de la Secretaría de Hacienda –de Ernesto Cordero- los recursos para combatir la pobreza se han casi quintuplicado de 2000 a hoy, pero el resultado no ha correspondido con ese aumento. Según la CEPAL en 1994 había 53% de mexicanos en algún tipo de pobreza, en 2008 pasó a 47.7%, y hoy, con los efectos de la crisis económica, la CEPAL dice que supera el 50%, es decir, no hemos avanzado. Aparte, la CEPAL muestra que el 75.8% de la riqueza del país se concentra en el 30% de la población, de la cual el 41.2% se concentra sólo en el 10%.

México, el país de héroes que creó empleados; México, el país con más multimillonarios que Suiza –según la última publicación de la revista Forbes-. México, el país donde un jefe vale más que mil empleados, donde se premia a las empresas más poderosas con leyes que afectan a la demás sociedad. Donde según Sergio Aguayo –en su libro “Vuelta en U”- las 50 empresas más poderosas pagaron alrededor de 141 pesos anuales de ISR e IVA (que por cierto, el año pasado subió a 16% para nosotros los mortales). Donde hay 75% de probabilidades de comprarle una tortilla a Maseca; donde sólo hay 2 televisoras que controlan el espectro; donde CEMEX controla el 90% de la producción de cemento; donde Peñoles domina el 100% del mercado de la plata; donde cervecería Modelo tiene 10 cervezas diferentes y maneja el 65% del mercado; donde Bimbo domina el mercado del pan; donde los taxis del aeropuerto se pueden auto-decretar un aumento de 30% de las tarifas; donde pagamos uno de los servicios más caros de telefonía de la OCDE; donde los medicamentos cuestan el doble que en otros países (www.elpoderdelconsumidor.org); donde la SEP le da permiso a la Pepsico y a Coca-Cola de vender sus productos en escuelas. Hay tres bancos que dominan los servicios financieros, dos grupos que controlan la distribución de gas LP, tres empresas dominan la producción de pollo y huevo, dos empresas controlan el 80% del mercado de la leche, tres empresas dominan el mercado de las carnes procesadas, dos empresas dominan el mercado de jugos, dos empresas dominan la distribución de medicamento México es un país donde no se crece, se decrece; no se da solución a los problemas, se empeoran. México, el país de grandes subsidios para las clases altas –como la gasolina, la luz, el agua.

Es esto y no los precios del petróleo los que tienen a la economía atrapada en cuellos de botella que le impiden la entrada a nuevos jugadores. Esto y no la crisis de Estados Unidos es lo que no nos deja crecer. Esto y no la baja recaudación de impuestos es lo que deja al gobierno sin armas para combatir. Esto sumado a las leyes que los protegen es lo que nos condena al subdesarrollo. Esto y el miedo del gobierno es lo que hace que tengamos que medio sobrevivir con 6 mil pesos. La gran pregunta es ¿qué ha hecho la Comisión Federal de Competencia? ¿Cómo atacar a los monopolios que aprisionan a la economía, dándoles cuerda como a Televisa y a Telmex? ¿Feudo contra feudo, monopolio contra monopolio es la salida a nuestros problemas? ¿Con esto, 6 mil pesos alcanzarán?

La respuestas son igual de desafortunadas que la realidad. La comisión Federal de Competencia se ha quedado pasmada ante el poder que han adquirido los monopolistas; la prueba es que no han hecho absolutamente nada. Siempre en las campañas los diputados y senadores nos prometerán legislar a favor de nuestros intereses, luchar por el empleo y la equidad y la igualdad –entre otras cosas-, siempre y cuando no se trate de ir en contra de Televisa o de algún otro monopolista (ejemplo la ley Televisa y la fusión de Televisa y Telemundo –disfrazada como un gran triunfo-, Slim y Dish –que viola los reglamentos de su concesión-, Tv Azteca y el cerro del Chiquihuite –violando la ley y sin recibir castigo alguno-). Hoy, el gobierno –tal vez- se ha dado cuenta del poder de los monopolios y en vez de hacer las reformas necesarias, le ha apostado a la confrontación directa de monopolios; yo creo que el único que puede contra Televisa –en estas condiciones- es Carlos Slim, pero, ¿para qué tanto lío si vamos a terminar justo donde estábamos, con un monopolio que domine el triple play imponiendo tarifas altas a los usuarios? Como dice Denise Dresser (Reforma 7/III/11) y haciendo alusión al cartel publicitario de Alien vs Depredador: “Gane quien gane, nosotros perdemos”.

Cuando el gobierno sea capaz de combatir estos “hoyos en el sistema” pasaremos a una segunda fase en nuestra economía, habrá más oportunidades para el desarrollo, habrá más inversión extranjera en estos campos en los cuales les da miedo entrar por el “proteccionismo” estatal. Pasaremos a ser una economía más dinámica y más competitiva. Los precios de estos servicios bajarán y se generarán empleos. No se necesita ser economista para saberlo, sólo se necesita ser mexicano y prender la televisión, tomar un taxi, comprar una tortilla, ir por pan, tomarse un refresco, hacer una llamada; acciones cotidianas en donde vemos siempre las mismas caras.  


*Guillermo Gómez discutirá más adelante el tema de Televisa vs. Telmex.

sábado, 5 de marzo de 2011

Caso de Florence Cassez, un llamado de atención al sistema penal mexicano.


Arturo Ugarte

Estudiante de licenciatura en relaciones internacionales (Westhill)

De no encontrarme cautivo, podría amar a este país, con sus mares lastimeros, con sus campos de maíz”
 Victor Hugo.


Brechas que dividen, brechas que atormentan; palabras que hieren y condenan, escuchar “chin, ya te cargo el payaso” o el “no, pues así no se va a poder” o el “¿cómo nos arreglamos mi joven?”. Así es como funciona el sistema penal mexicano y las brechas son la diferencia que pueden hacer 10 mil pesos para no entrar a la cárcel y comprar la libertad. Un sistema penal mexicano en donde debes comprar la inocencia aparte de demostrarla, donde tu inocencia debe tener unos pesos más que la inocencia del culpable. Un sistema penal corrupto y sucio, que tiene independencia –pues recordemos que el poder judicial tiene autonomía-  pero no la usa para mejorar y diferenciarse de los otros dos poderes.


Un estudio del CIDAC en conjunto con el CIDE acerca del sistema penal mexicano fue lo que hizo posible el documental “presunto culpable”. El estudio desenmascara las prácticas de condenas en los penales. Las estadísticas espantan: 93% de los sentenciados nunca vieron a un juez;   70% de los condenados fue por robo y de esos, el 60% fue por el robo de menos de 500 pesos, cada reo nos cuesta en promedio $100 pesos diarios y hay un exceso de reos en las cárceles, donde en espacios de 6x3m habitan hasta 20 reos. (CIDAC).


Las estadísticas muestran una deficiencia en el sistema penal mexicano que no podemos esconder,  aunque Felipe Calderón quiera hacerlo bajo la imagen de “no nos vamos a dejar de Francia” o haga llamados diplomáticos. La realidad es que en un país bananero –como pareciera ser México- las excusas se anteponen a los resultados. “Es que no presentamos las pruebas de condena a Francia porque defendemos nuestra soberanía (no porque no las tengamos)”. Sin embargo, -como dice José Antonio Crespo- Francia no se puede quejar porque Florence Cassez fue tratada al igual que todos los demás mexicanos que cometen delitos y no se logra comprobar ni su culpabilidad ni su inocencia, y para evitar injusticias, en México, los mandamos a todos por igual a la cárcel a cumplir condenas.


No pudo elegir peor momento México para que se hable del “debido proceso penal” sobre todo con el majestuoso documental “Presunto Culpable” donde se demuestran las deficiencias y el proceso que debe seguir una persona inocente para ser “legalmente” inocente. La pregunta es, ¿qué hacer en el caso de Florence Cassez en donde  se han presentado pruebas de su inocencia y no se han presentado pruebas contundentes de su culpabilidad? ¿Hallar a una persona cerca de una escena del crimen, la convierte en criminal? Si mi amigo es delincuente, ¿me acusarán también a mí de delincuencia organizada? ¿Cómo hacer una investigación real si esta sobrepasa las capacidades del Estado (y sus ganas también)? ¿Qué se necesita para arreglar el conflicto diplomático con Francia, presentar las pruebas del “debido proceso” en contra de Florence Cassez o "montarnos cada quien en su macho" y hacer declaraciones como “hasta donde se tenga que llegar”? como dice José Antonio Crespo, en una democracia eficaz, ¿qué debemos hacer, promover a un servidor público –como Gerardo García Luna- a Secretario de Seguridad Pública por alterar una escena de crimen o investigarlo? –Cabe decir que no quiero tomar partido, pero me gustarían pruebas contundentes-.
Este tipo de preguntas son evadidas por la sociedad que se la ha engañado con un falso nacionalismo. Hoy vemos a periodistas de Televisa –como Carlos Marín- en el programa de “Tercer Grado” usar de referencia histórica a “La Guerra de los Pasteles”. Un sentimiento nacionalista que nos hace escondernos en la bandera, en vez de desmancharla; que nos hace arremeter en contra del embajador francés, en vez de exigir cuentas a García Luna; hablar pestes de Francia, en vez de voltear a ver nuestro sistema penal. Sin embargo, es más barato seguir en esta controversia nacionalista, que hacerle publicidad positiva al presidente Felipe Calderón y aun mucho más barato que revisar nuestro sistema penal.


Una pregunta difícil de contestar es el qué hacer ante esta situación. Muchas personas tienen miedo de la policía, tienen miedo de manifestarse enfrente de un MP, pues es muy fácil que salgan dos policías armados y condenen a todos los manifestantes por delitos inventados. Sin embargo, sí podemos presionar, si podemos reclamar. Y esto es revisar las capacidades del Estado y la rendición de cuentas. Es imposible creer que el Estado no cuenta con un cordón amarillo para delimitar el área del crimen, o que no pueda hacer una investigación veraz, o que no cuente con médicos que puedan hacer autopsias, o que no tenga esa capacidad de investigación, inteligencia y lógica humana elemental. Pero también, debemos explicar el por qué de la urgencia de condenar y sancionar y no hacer investigaciones –que por default tomarán tiempo- y esto responde a la necesidad social de tener personas en la cárcel.


Cuando hay un asesinato, la gente quiere tener a alguien en la cárcel para sentirse protegido. Cuando hay un robo, la gente quiere que una persona sea culpada y condenada, aunque no se tenga la evidencia; sólo falta señalar a alguien como “narcotraficante” para no hacer ni las averiguaciones previas.  Al mismo tiempo, esta presión social cae sobre el gobernante, y él ejercerá una presión sobre el procurador, y éste lo hará sobre los jueces y ministerios públicos, así verticalmente hasta los policías, a los cuales, por debajo del agua, se les recompensará o castigará por el número de detenidos que presenten (para que la sociedad esté contenta). Tal vez por eso es tan común hoy en día ver a personas en la televisión acusadas de múltiples homicidios. Tal vez por eso vemos comerciales como “Persona X” disolvía a sus víctimas en ácido, (pero no se preocupen, ya lo tenemos atrapado). Tal vez por eso, la presidencia de la República sigue con una estrategia de seguridad que atrapa culpables, pero no disminuye el número de ejecutados.


Cuando las personas nos involucremos en los procedimientos de los penales, nos daremos cuenta si de verdad están atrapando a criminales o sólo a “presuntos culpables”. Nos daremos cuenta que la seguridad en México es un negocio muy jugoso. Nos indignaremos con las fallas que hay en nuestro sistema penal. Exigiremos que los procesos sean más abiertos y más transparentes. Presionaríamos no para que haya más reos, sino para que haya menos asesinatos y revisaríamos que el presupuesto sea bien utilizado –para ampliar las capacidades, no para pagar salarios altos-. Aun es impresionante leer el caso de Marisela Escobedo y el asesino de su hija. No defiendo a los jueces que dejaron libre al “presunto asesino”, pero si no se presentan las pruebas necesarias, ¿qué hacer? Por eso la necesidad de involucrarnos, por eso la necesidad de tener capacidad de investigación, pero eso la esperanza de quien habla aquí de que cambie el sistema penal, porque uno nunca sabe si la próxima vez seremos nosotros quienes estemos en esa situación. Tal vez cuando logremos ese grado de participación, cuando Francia le pida a México la extradición de una persona, no nos dará miedo que allá no cumpla su condena, pues tendremos las pruebas necesarias para que sea condenada.